Miguel Hernández en clase de ELE

75 años de su muerte 

El 28 de marzo de 1942 muere en la cárcel de Alicante el poeta Miguel Hernández. Justamente ese día comienza su leyenda. Poeta del amor y de la pena cuyo eco sigue evocando hoy, 75 años después, ese gusto eterno por la libertad.

Se dan en él circunstancias tan particulares que hacen de su vida todo un referente. Autodidacta, con tempranas influencias de los clásicos como Garcilaso, Herrera o Fray Luis, se define muy pronto en su vocación popular:

El limonero de mi huerto influye más en mí que todos los poetas juntos…

Lector insaciable de todo lo que caía en sus manos, tras sus primeras e incipientes composiciones, sus ansias de crecer le llevan pronto a Madrid en 1931, donde sufre en sus carnes el tremendo choque pueblo-ciudad que acaba volcando su mirada y sus afectos al recuerdo de su Orihuela natal:

Alto soy de mirar a las palmeras,
rudo de convivir con las montañas. 
Yo me vi bajo y blando en las aceras
de una ciudad espléndida de arañas. 

En 1933, cuando regresa a Orihuela, conoce al amor y la inspiración de su vida, Josefina Manresa. A partir de entonces todo se acelera. Sus días se convierten en un torbellino de emociones desatadas en medio de la vorágine que se cernía sobre España. Aparecen sus grandes poemarios de amor, «El rayo que no cesa», de guerra, «Viento del pueblo» y de pena, «Cancionero y romancero de ausencias».

Pone su pluma al servicio del gobierno de la República y entra en contacto con grandes escritores de la época: Lorca, Neruda, Alberti, Aleixandre, etc. Se afilia al Partido Comunista y su recia poética vuelve a rendir culto a lo popular, cantando al trabajo y el sudor. Trabaja para el Frente Popular, animando con sus escritos y poemas a los combatientes republicanos en la Guerra Civil: «Rosario, dinamitera», «Al soldado internacional caído en España», «Ceniciento Mussolini», etc.

Al acabar la guerra, consumada la derrota, Miguel Hernández es apresado cuando intentaba huir a Portugal y pasa sus últimos años en prisión. Enfermo de tifus, sus conocidos logran su traslado a la cárcel de Alicante, cercana a sus familiares. Allí escribe sus últimos poemas, entre ellos su célebre «Nanas de la cebolla», para su hijo recién nacido. Allí conoce a Buero Vallejo, que le hace su retrato más conocido y allí, según algunos biógrafos, traza en la pared de su celda sus últimos versos:

Adiós, hermanos, camaradas, amigos.
despedidme del sol y de los trigos.

Hoy, 75 años después, se le sigue recordando y forma, junto a Lorca y Machado, la trilogía de poetas más leídos en castellano. Una sencilla lápida blanca con la escueta inscripción “Miguel Hernández/ Poeta 1910-1942” encierra los restos de este hombre singular que aquel momento de España desterró a la sombra y que pervive en la memoria colectiva.

En clase de ELE…

Trabajar la poesía de Miguel Hernández en clase de ELE implica darle un sentido más allá de lo puramente textual. Para comprender el sentido de sus poemas debemos transmitir los sentimientos que encierran y, en mayor grado, el contexto social y cultural que atravesó España en aquella época. La poesía de Miguel Hernández nos permite abordar en clase aspectos como la cultura y la sociocultura, al mismo tiempo que una historia no tan lejana: la Guerra Civil.